No existe una regla fija de «cambio periódico»; lo correcto es monitorear el aceite mediante análisis físico-químicos (rigidez dieléctrica, humedad, acidez, gases disueltos) cada 1-2 años. Si los resultados muestran degradación irreversible, humedad alta o presencia de gases de falla, se recomienda regenerar o reemplazar el aceite en lugar de esperar un plazo fijo. Un equipo de 15 años con buen mantenimiento puede seguir con el mismo aceite si los ensayos son satisfactorios.