Idealmente una muestra de aceite debe llegar al laboratorio dentro de las 48 a 72 horas siguientes a su toma, transportada en un envase bien sellado, protegida de la luz solar directa y de temperaturas extremas durante el traslado. Cuanto más tiempo pase antes del análisis, mayor es el riesgo de que factores externos como pequeñas entradas de humedad o cambios de temperatura alteren parámetros sensibles como la rigidez dieléctrica, por lo que retrasos prolongados pueden distorsionar la interpretación real del estado del aceite.